Jorge Díaz Campoy
Hola, de nuevo a todos y todas.
El pasado mes os comenté que la movida madrileña fue un despertar de sentimientos y de diferentes formas de entender la vida en los chavales y chavalas de todo el país.
Nos influyó a todos, o casi todos, en la manera de vestir, en cómo nos comunicábamos, en el día a día… y todo ello iba apoyado en un estilo musical que nos diferenciaba, aunque todos fuésemos iguales.
Los Rockers como yo, seguíamos la moda existencial de los años 50-60 con nuestras chupas de cuero (el que se lo podía permitir) o las cazadoras vaqueras con los cuellos mirando al cielo y una estampa de la bandera sureña o de Elvis en la espalda, los pantalones remangados para que se vieran las botas de punta y tacón cubano o bien los calcetines blancos con las converse (los pobres llevábamos John Smith) o los boguies.

Los Punkies con esos pelos de punta y de colores, sus camisetas raídas, los collares y muñequeras de pinchos, con pendientes y piercings y los pantalones de pitillo medio rotos, calzados con botas militares.
Los Mods con su peculiar estilo de inglés señoritingo, con sus camisas abrochadas hasta el último botón y el jersey de cuello redondo y sus zapatos de cordones de oficinista. Todo esto lo redondeaban con las chupas capeadas de color militar y el símbolo circular de los aviones de guerra ingleses en la espalda y sus motos Vespa con miles de espejos retrovisores.
Los Heavy Metals con sus largas melenas, sus chupas de cuero o vaqueras, sus pantalones ajustados y sus camisetas de AC-DC, Iron Mayden, Led Zeppelin…
Había más grupos, porque dentro de estos cuatro que he comentado que eran los más o menos conocidos, había subgrupos (espero que nadie se sienta ofendido si pertenecía a otra tribu urbana que no haya nombrado) y por su puesto la gente que no atendía a ninguna de estas religiones, gente que diríamos normal, a la que nosotros llamábamos pijos.



Cada tribu tenía sus locales favoritos y sus zonas en “Madriz”, pero hubo un local que, no sé por qué motivo, nos unía a todos sin que hubiese normalmente altercados y que era como Suiza, neutral. Esa Suiza musical de la movida madrileña, no era otra que la sala ROCKOLA. En esta sala actuaron durante algunos años muchísimos grupos ochenteros de toda España, incluso algunos importantes grupos extranjeros de aquella época. Finalmente, la sala cerró por una serie de problemas, entre ellos la muerte en sus puertas de un líder Rockabilly (el Fransuá) por una trifulca entre Rockers y Mods. Se rompió la neutralidad y desapareció ROCKOLA. La movida estaba ya dando sus últimos coletazos.

Espero no haberos aburrido con esta pequeña parrafada que os he soltado sobre tribus urbanas de los ochenta. Si os sigue apeteciendo, iré contando más cosillas sobre estos años, a mí me traen muy buenos recuerdos, espero que a vosotros y vosotras también.
2.- SEÑOR y SIEMPRE TE RECORDARÉ
Este último mes ha sido un poco más triste de lo habitual, lo que me ha llevado a elegir dos canciones que escribí con el corazón roto en dos momentos diferentes de mi vida, pero en ambos casos con el mismo trasfondo.
En estos últimos días he tenido que acompañar en momentos duros a amigos y amigas que han perdido a un ser querido, y yo mismo he sufrido la pérdida de una gran persona, que aunque no hacía muchos años que nos conocíamos, me caló muy fuerte.
Cuando yo tenía 19 años iba todos los jueves, viernes, sábados y domingos a un local de Capitán Haya que seguro que alguno conocéis, SAMBRASIL. Allí éramos ya como una familia. Todos los días coincidíamos los mismos. Había una persona en particular que era el alma de las tardes de SAMBRASIL. El era el que llevaba el cotarro en el local, organizaba la sala, las fiestas, le encantaba pinchar música (para los jóvenes, lo que ahora llamáis DJ antes era pincha), era un apasionado del basket cómo yo… Recuerdo que los jueves hacía un concurso para regalar copas con una canasta colgada en las escaleras que daba a los baños. Si metías canasta algo te regalaba. Yo rompí esa canasta alguna que otra vez haciendo algún mate.
Estando yo cumpliendo el servicio militar, un fin de semana que vine de permiso le vi con muy mala cara y el me confirmó que no se encontraba bien. Le dije que tenía que ir al médico pero él me puso la excusa de que no podía por el curro. Al poco tiempo me dijeron que había fallecido por una Hepatitis. El bajón que me pegó fue tremendo, yo en Cerro Muriano sin poder despedirme de él, entonces escribí esto:

SEÑOR…
hoy llamo para confesarme,
Para pedirte un favor,
Es para un amigo mío,
Es un amigo de los dos.
Si Tú pudieras concederle
Una canasta para jugar,
Flotando entre nubes blancas,
Una canasta celestial,
Es lo que más me gustaría,
Que donde esté pueda jugar.
SEÑOR…
Y cuando el llame a tu puerta
No dudes en dejarle entrar.
El siempre ha sido un buen amigo
Eso nadie lo puede dudar
Y si le dieras unos discos
Y una mesa de mezclar
El te podría hacer sonido
De ese que llaman celestial
Haz que se divierta mi amigo,
Con lo que a él le gusta más.
En el fondo de la soledad,
Siempre estará en multitud.
Sambrasil no le olvidará,
Hacer amigos fue su virtud.
Yo no soy débil por llorar,
Si lloro es porque soy féliz,
Feliz porque donde él está
Hará su música y…
…podrá jugar.
Con veintitantos años, conocí a un chaval del barrio que había sido amigo de mi mujer. Gracias a un equipo que montaron de futbol sala, en el cual tuve el placer de jugar, y a las cervezas post-partido, que muchas veces se alargaban hasta las tantas de la noche, nos fuimos haciendo bastante amigos. Creo que éramos muy parecidos en ciertos aspectos, y eso hacía que hubiese un pequeño pique continuo entre los dos, mientras se forjaba una verdadera amistad. Era una persona alegre, joven, con ganas de vivir y pasarlo bien. Siempre con sus bailes (le encantaba la canción de “No estamos locos” de Ketama) y con su cubata de Johnnie Walker en la mano mientras rumbeaba.
Como he dicho antes, después de los partidos nos quedábamos a tomar las cervecitas de rigor. Yo ese día no me quedé porque comíamos en casa de los suegros. Cuando estábamos comiendo recibimos una llamada de que nuestro amigo había fallecido. Después del partido se subió a duchar a casa antes de bajar a las cervezas, pero ya no volvió.
Fueron unos momentos duros, un chaval joven, alegre, deportista… había sufrido una muerte súbita. Mi corazón le escribió una última carta que siempre guardaré:

Siempre te recordaré
Aunque te tenga tan lejos.
Nunca te podré olvidar,
Porque olvidarte no puedo.
Nunca te podré fallar,
Porque fallarte no quiero.
Tu sonrisa marcará
Los pasos de mi camino
Y tu fuerza me darás
Para que siga contigo.
Nadie nos podrá parar
Si nos movemos unidos.
Sólo me falta tener
La certeza de que un día
A tu lado jugaré
En esa liga divina
Y una rumba bailaré
Entre palmas de alegría
Un chiste te he de contar,
Me lo han contado el otro día:
“Johnnie Walker va a cerrar,
Han perdido un accionista”
Te he intentado relevar
Pero la resaca me podía.
Ya no sé qué más decir,
Sólo que estés orgulloso,
Porque, aunque no sea así
Sabemos que “NO ESTAMOS LOCOS
SABEMOS LO QUE QUEREMOS”
Queremos que estés con nosotros
Con esto me despido. Espero que os haya gustado. Todo mi cariño para aquellos que hayáis perdido a alguien querido últimamente.
Hasta el próximo mes (si me queréis seguir aguantando)
