por Antonio Gómez «Pollo Loco»
Hace unos días en una de nuestras reuniones de PASIONBLOG en AN BEL, Antonio y yo, estuvimos charlando de la nueva temporada. Se me ocurrió proponer un reto a Antonio para PASIONRUTAS. Buscar un sitio a menos de 100 kilómetros de Alcobendas desconocido para el público en general.
Por su puesto había que hacérselo un poco más difícil. Tenía que encontrar algún animal mitológico y fotografiarlo. Como podéis imaginar al día siguiente me llamó para decirme que ya sabía dónde íbamos a ir. Ahora le tocó a él: -«este fin de semana te llevo a ver dos dragones y espero que escribas la aventura. Abrígate».
Y así es como empezó esta historia. Como de costumbre lo primero que hizo el grupo fue coger fuerzas con un café y unas porras. En esta ocasión nos acompañan Mirian e Iván para fotografiar el “descubrimiento” de los dragones.
Nadie mejor que ellos: Iván, más conocido como “RAT ART” en el mundo de Custom Paint y Mirian que es nuestra coordinadora de PASIONarte.


Era una mañana fría pero soleada, la misma que hace siglos, cuando un dragón era el dueño del río Jarama. Como podéis suponer, esto pertenece al imaginario y no hay ninguna constancia de ello, pero nosotros creemos que si y hoy vamos en busca de encontrarlo.
El lugar a dónde vamos es el Vado.
El antiguo pueblo de El Vado estaba situado junto al río Jarama. Era un lugar de obligado paso por la trashumancia castellana y tuvo su mayor esplendor en el siglo XIII. La primera expropiación le vino de la mano de la Cuenca Hidrográfica del Tajo por la inminente realización del Embalse del Vado y la segunda por el antiguo Instituto de Conservación de la Naturaleza para la repoblación forestal. Hoy del antiguo pueblo tan solo queda en pie la Iglesia de Nuestra Señora de la Blanca.


La Iglesia de Nuestra Señor de la Blanca es el único edificio que no quedó cubierto por las aguas del pantano. Está situada en lo alto de una colina en una zona denominada La Cerca de los Olivos y desde su posición debió tener unas impresionantes vistas del pueblo y del río Jarama, actualmente las vistas también son espectaculares por lo que en la mochila no debe faltar la cámara de fotos.
Pues este territorio era por dónde se movía nuestro dragón, cerca de la ciudad encantada de Tamajón. Se dice que un día quedó atrapado mientras dormía en la ladera de la montaña de El Vado. Pasó así días enteros intentado deshacerse de esa trampa y cuándo ya sólo tenía un hilo de vida, su amada esposa apareció desesperada para ayudarle. Juntos lo intentaron, pero fue inútil. Ella se tumbó a su lado y nunca más se separaron.
La geografía española está repleta de pueblos que han desaparecido por la construcción de un embalse o de un pantano. Uno de ellos fue El Vado en Guadalajara, una villa que se vio sepultada por las aguas en los años cincuenta.


Se puede llegar al embalse por la A 1 tomando el desvío en el kilómetro 50 hacia Torrelaguna y luego siguiendo hacia Tamajón. También se puede llegar por la A 2 cogiendo la salida de Guadalajara hacia Yunquera de Henares y después a Tamajón. Una vez que se llegue a Tamajón, por una u otra carretera, hay que desviarse hacia Majaelrayo y a unos 6 kilómetros tomar la senda de la izquierda que da paso a una pista de servicio del Canal de Isabel II.
Por allí nos adentramos detrás de Antonio, para desviarnos al borde del pantano recorriéndole por toda su costa este. El camino está en regular estado y hay que hacerlo despacio, pero las vistas compensan.




Al llegar a la antigua presa… descubrimos en el muro de contención unas figuras.
El aliviadero de la presa del Vado (la primera, que algunos llaman la falsa) está formado por tres compuertas que se apoyan y sujetan en cuatro columnas, cuya base se ensancha y curva en la parte posterior. Agazapados sobre las columnas centrales hay dos dragones, macho y hembra, tendidos al sol. Creo que Antonio nos ha traído al lugar donde hace siglos nuestros dos dragones se tumbaron aquel día para quedarse siempre juntos.


Y con los deberes hechos es hora de volver a nuestro punto de partida que hoy nos espera una degustación de jamón que con tanta aventura tenemos que recuperar fuerza.



¡Que aproveche!