por Jorge Díaz Campoy
«CANCIONES QUE NUNCA TE CANTÉ».
Hola de nuevo.
¿Recordáis que el mes anterior os hablé de aquellos elixires que tomábamos en aquellos maravillosos años? Pues bien, vamos a recordar esas exóticas bebidas y aquellos lugares emblemáticos que todos hemos visitado en algún momento de nuestra juventud.
Supongo que todos recordaréis unos bares famosos que había en la zona de Moncloa para ponerse hasta arriba de cerveza. Seguro que ya os habéis acordado, “El Parador” (empezaron con uno y acabaron con tres) Allí te podías beber un mini de cerveza (1 litro), un bikini (2 litros), un trikini (3 litros) o un copón (5 litros) con aquellos platos llenos de fuet cortadito en rodajas y su pan correspondiente.

Era una buena forma de empezar la tarde-noche de los fines de semana. Pero si aparte de beber cerveza te querías reír un poco, siempre podías ir a “Los Porrones”, ese local especializado en beber cerveza o calimocho en, valga la redundancia, porrones. Según la destreza de cada uno, o bebías a mansalva o te ponías perdida la camiseta.
Desde cualquiera de estos dos sitios, siempre tenías a mano “El Chapandaz” (aquel local que parecía una cueva, con paredes rugosas y adornado con estalactitas y estalagmitas), para beber su famosa “leche de pantera”, ese cocktail dulzón y a la vez explosivo que estaba hecho con ginebra, ron, leche, menta y canela.
No muy lejos de allí, cerca de la plaza de San Bernardo y ya en la zona de Malasaña, también había un local para beber cockteles diferentes (aunque parecidos a los de “El Chapandaz”) que se llamaba “Diplodocus”. Como el nombre indica, el local estaba adornado con dinosaurios. Su bebida estrella era un cocktail llamado “Leche de brontosaurio” que llevaba ginebra, ron, Cointreau, Triple seco, grosella, leche, canela y azúcar. ¡¡¡Casi nada!!!.

Cambiando un poco de zona, nos encontrábamos con dos sitios para tomar algo diferente en la zona de Bilbao, alrededor de la calle Luchana. ¿No os habéis tomado nunca un submarino?. En “La casa de la cerveza” podías disfrutar de muchos tipos de esta bebida. El vulgarmente llamado submarino compuesto de un mini de cerveza con un chupito de pippermint sumergido en el interior. También encontrabamos diferentes variedades como el “submarino americano” (con chupito de bourbon), el “submarino ruso” (con chupito de vodka), el “submarino cubano” que ya podréis imaginar de que era el chupito (efectivamente de ron).

Cerca de “La casa de la cerveza” era normal ir a tomar una bebida muy particular que servían en “La chocita sueca”. Todos recordaréis el “Hashimuri” con Martini blanco, ron, ginebra, refresco de limón y de naranja, azúcar y mucho hielo. Había que hacer cola para beber este mejunje y poder pillarte el punto antes de ir a “Rajaja”.
Seguro que alguno de vosotros podréis recordar algún sitio más, pero estos eran por los que yo me movía cuando quería hacer algo diferente. Ahora con la edad, uno se ha vuelto más pausado y esos brebajes no están en mi diccionario. Los clásicos de siempre no fallan, y seguro que los que andáis por mi quinta, estáis anclados en los típicos cubatas de Whisky cola, Ron Cola, Gin tonic y poco más.
Después de esta borrachera que tenemos, espero que estéis lo suficientemente bien como para aguantar una nueva canción que nunca te canté.

7.- SOÑE CON TU AMOR
No siempre era fácil declararnos a esa chica o chico que nos gustaba. Pasabas noches en vela intentando aclarar tus ideas y buscando la mejor manera de decírselo.
Pero cuando el sueño al fin te vencía, todas aquellas cosas que te gustaría decirle a la cara a esa persona aparecían de la nada.
Cuando los ojos ya no se podían mantener abiertos, como si de una pantalla de cine se tratara, veías reflejadas las imágenes en el interior de tus parpados de todo aquello que esa persona despertaba en ti.
Te imaginabas que la besabas, que paseabas de la mano por un parque sin mediar palabra, que os sentabais abrazados en un lugar idílico a ver el anochecer…
Pero cuando despertabas a la mañana siguiente, te dabas cuenta de que todo había sido un sueño.
Qué mejor manera de declararte, que dedicándole con una canción todo aquello que soñaste anoche.
Cuánto tiempo soñé con tu amor.
Cuánto tiempo te pude añorar.
Que las noches se me hacían,
Más eternas aún que el día.
Que la vida no era vida sin tu amor.
Que la luz de tu sonrisa
Era el faro de mi isla.
Que la vida no era vida sin tu amor.
Cuánto tiempo te soñé a ti,
Acercándote en la oscuridad
Abrazando al fin mi cuerpo
Con el ansia de una niña,
Diciendo que no había vida sin mi amor.
Acariciándome los labios,
Que esbozaban una sonrisa,
Cuando decías que no había vida sin mi amor.
Cuánto tiempo te pude tener,
Antes de llegar a despertar.
Cuántas veces te he besado,
Cuánta vida te he entregado,
Cuando mi vida no era vida sin tu amor.
Cuántas veces he soñado,
Despertando emocionado,
Que mi vida, eres mi vida, eres mi amor.
No quiero seguir soñando.
No te escapes de mis brazos,
Que mi vida ya no es vida sin tu amor…
…Porque mi vida y no es vida sin tu amor.
Como siempre, espero que os haya gustado. Al final habrá que hacer un concierto íntimo para que acaben siendo “Las canciones que ya os canté”.
Dejar de soñar con el amor y disfrutar de el. Un beso muy fuerte y hasta la próxima.
